13/5/14

Deja un comentario

Tal como viene, se va. El oro español de las Américas


Siempre se ha hablado del oro y la plata de América, el gran descubrimiento que hizo España, cuántos se fueron a hacer las Américas y volvieron con materiales preciosos y, el Estado, cuánto ganó. Por las cifras que se conocen, España tendría que haber sido en los siglos XVI y XVII el país más rico del mundo y de mayor influencia pero, no fue así en realidad en cuanto a riqueza se refiere.
Sí tuvo mucha influencia pero, por desgracia, tal como esa gran riqueza entraba por los puertos andaluces se iba por el Mediterráneo y por el norte de la península. Poco pudo ver España y su gente de sus grandes riquezas.

Los viajes de Cristobal Colón a las Américas

Las tres cuartas partes del metal precioso que llegaba era propiedad de particulares como conquistadores, colonos, administradores que regresaban de las Indias o mercaderes que recuperaban el contravalor de sus exportaciones y, la hacienda real absorbía la otra cuarta parte de toda la plata que se descargaba en Sevilla para hacer frente a sus deudas. La balanza comercial española era deficitaria en comparación con la del resto de Europa.

El rey gastaba enormes cantidades de dinero en las necesidades que precisaba su política internacional. El dinero era adelantado por los banqueros extranjeros, los genoveses o los judíos portugueses, con lo que la plata era acaparada por los grandes financieros y por los poderosos asentistas. Esto hizo que el oro y la plata desaparecieran de la circulación, siendo sustituidos por numerario de cobre. Aquel fenómeno del vellón, o mala moneda, es lo que se utilizaba en el país, contribuyendo aún más al desmoronamiento de la economía y de todo el sistema financiero real. Lo que se consiguió con ese tipo de política fue que España acabara siendo las Indias de Europa, de donde el resto de países sacaban los metales preciosos.

El oro y la plata de las Américas

Aunque, mientras la monarquía española acuñaba inmensas cantidades de mala moneda, la nobleza elitista no paraba de generar gastos ingentes que sí se pagaban en moneda fuerte contribuyendo, junto al Estado, a que esta saliera del país.