22/9/26

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El Baile de San Vito, el origen de esta expresión

Seguro que alguna vez has escuchado —o incluso dicho— que alguien "tiene el baile de San Vito" para describir a una persona nerviosa, inquieta o que no para de moverse. Es una expresión que sigue viva en el habla cotidiana, aunque pocos conocen que detrás de ella hay una mezcla de hagiografía cristiana, medicina antigua y uno de los fenómenos más desconcertantes de la historia europea: las llamadas manías danzantes.

El Baile de San Vito, el origen de esta expresión

Un mártir romano convertido en santo protector

La historia empieza con Vito de Lucania, un joven siciliano que, según la tradición católica, fue hijo de un padre pagano y bautizado en secreto por sus preceptores cristianos, Santa Crescencia y San Modesto. Murió martirizado en el año 303 junto a ellos durante las persecuciones del emperador Diocleciano.

Con el tiempo, su culto se extendió con fuerza, especialmente por Alemania, donde su nombre pasó a formar parte de los Catorce Santos Protectores, y se le consideró patrono especial de los epilépticos y de quienes sufrían una afección nerviosa que terminaría llevando su nombre. Precisamente por esa asociación se le empezó a venerar también como protector de bailarines y actores.

Existe además una curiosa superstición medieval que reforzó el vínculo entre el santo y la danza: se creía que bailar frente a su estatua aseguraba un año entero de buena salud.

De la leyenda a la medicina: la corea de Sydenham

El nombre "baile de San Vito" no se quedó solo en el terreno religioso. En la Edad Media se invocaba a San Vito contra una grave afección nerviosa caracterizada por movimientos involuntarios y sin propósito aparente, un trastorno que hoy conocemos en medicina como corea reumática o corea de Sydenham.

Esta enfermedad, ligada en muchos casos a la fiebre reumática infantil, provoca espasmos musculares bruscos e incontrolables que, a ojos de la gente de la época, recordaban a una danza frenética. De ahí que se buscara la protección del santo cuyo culto ya estaba asociado a movimientos corporales descontrolados.

El Baile de San Vito, el origen de esta expresión

Las "manías danzantes": epidemias de baile por toda Europa

Pero el fenómeno va más allá de una única enfermedad. Entre los siglos XIV y XVII, Europa vivió episodios asombrosos conocidos como dancing mania o "manías danzantes", en los que grupos de personas —a veces miles— bailaban de forma errática durante días, sin motivo aparente, hasta desplomarse de agotamiento o incluso morir.

El caso más famoso ocurrió en Estrasburgo, en julio de 1518. Todo comenzó cuando una mujer llamada Frau Troffea empezó a bailar sin parar en plena calle; cuatro días después se le habían unido 34 personas y, al cabo de un mes, ya eran cerca de 400 bailarines, muchos de los cuales murieron por el agotamiento extremo. Las autoridades, lejos de detener la danza, estaban convencidas de que los afectados solo se recuperarían si seguían bailando día y noche, así que contrataron músicos y bailarines profesionales para mantenerlos en movimiento, con resultados trágicos.

Aquel episodio no fue el primero ni el único. Antes de 1518 se documentaron hasta diez epidemias similares, una de ellas en 1374, que se extendió por buena parte de la actual Bélgica, el noreste de Francia y Luxemburgo, con otro foco importante en Aquisgrán ese mismo año.

Lo interesante es que estas crisis colectivas estaban profundamente conectadas con la figura de San Vito: la población, sumida en hambrunas y enfermedades, creía firmemente en un santo capaz de controlar sus mentes e infligirles un baile compulsivo y terrible. Esa creencia, combinada con el miedo y la angustia extrema de la época, habría facilitado los estados de trance colectivo que hoy los historiadores estudian como un caso temprano de histeria social o "psicosis de masas".

Una expresión que sobrevivió a su origen

Con el paso de los siglos, la corea de Sydenham fue perdiendo protagonismo en el imaginario popular y la conexión con las epidemias medievales se fue diluyendo. Sin embargo, la expresión "baile de San Vito" quedó instalada en el lenguaje cotidiano como sinónimo de nerviosismo, inquietud o movimiento excesivo e incontrolado, mucho después de que la gente dejara de recordar a Frau Troffea o las procesiones danzantes de Aquisgrán.

Así, cuando hoy decimos que alguien "tiene el baile de San Vito" porque no deja de moverse, estamos usando —sin saberlo— un eco de la fe medieval, del miedo colectivo y de una enfermedad real que, durante siglos, se confundió con maldición, posesión y milagro a partes iguales.

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